10 feb 2015

VI (XXII)

Una vez digiste que era de lo más normal sentirse decepcionada con las personas que te hacían creer algo que luego no era.
Que el error no era mío por "esperar" sino de la otra persona por decir que me daría.
No es correcto.
El error siempre es de quien espera, y tú me acabas de demostrar, una vez más, que así es.

Mientes más que hablas

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Te recuerdo, por si de repente tienes un ataque de amnesia, que fuiste tú quien me pidió que viniese a vivir contigo, y ya no solo por las ganas que ambas teníamos sino porque venir a ESTE piso suponía en parte un favor económico ya que no podías asimilar un cambio en aquél entonces.
Imaginábamos que la convivencia iba a durar más tiempo de lo previsto, pero las circunstáncias cambian para todos y nuestras vidas de repente toman otros caminos.
Decido que me marcho y lloras porque no concibes la idea de que así sea. Porque te supo a poco. Porque todavía no estabas saciada de un disfrute que, según tú, quedaba por vivir y que, según yo, hacía ya meses que se había extinguido.
Y de repente sobro. No de repente, que va.. Ya hace muchos meses que sobro, pero ahora SOBRO en mayúsculas y además sobro que hasta tu aliento lo salpica.

El día que te pares a pensar por todo lo que he pasado, sin el más mínimo esfuerzo de tu respeto y miramiento, ese día, con tal de no sentirte culpable, dirás que lo he vivido porque he querido.

Y no. Sino porque te he querido.

Y aun a escondidas de tu conciencia, vivirás enlatada en un pesar que no te lo va a quitar ni los copos de avena, ni los polvos inoportunos.

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Vas a tu putísima bola.

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