11 oct 2011

A Bordo de Octubre 2011 (III)

La recojo (a Núria, evidentemente) y me dispongo a llevarla a uno de los lugares más especiales para mi, y creo que en parte también para ella. Allí donde todo se ve desde otra perspectiva, allí donde todo queda bajo nuestros pies y miramos el mundo con otros ojos. Allí donde todos los problemas quedan recogidos entre el humo de la ciudad y no llegan a alcanzar la cumbre más alta de Barcelona. Ese lugar es mágico porque te crea poder, porque consigue que estés retirada del dolor, porque te regala el tiempo que necesites para coger aire y volver con más fuerzas al barullo de la humanidad. Creo que es el único lugar que me permite entristecerme mientras me miro desde afuera, porque es el único que me enseña con plena perspectiva lo que soy realmente. Y lo que sucede.
Intenté que de algún modo no fuera indiferente esa efímera estancia allí, la llevé con la esperanza de que una vez llegáramos sintieramos algo, y con "algo" me refería a LO QUE SEA. El camino fue raro porque mientras nos íbamos acercando algo dentro de mi me decía "va a pasar de ser un lugar especial a ser uno de los más amargos.. Pero no importa. Arriésgate porque lo necesitas.."
Y no dejaba de taladrarme la cabeza un sentimiento de culpa contínuo, porque sabía que me estaba resguardando en una gruesa capa de cobardía.
Llegamos. Miramos el mundo desde allí arriba a escasos centímetros la una de la otra, y fíjate que la sentía a kilómetros..

Intenté buscar un rincón donde sentarnos y estallar de sinceridad pero las casualidades de la vida y de la naturaleza me interrumpieron en cada momento.

Desde gusanos caídos de algún fruto ya podrido que repaban por mi mano apollada en el césped, a un hilo musical bastante fuerte que nos acompañaba desafortunadamente (los mojinos escocíos) hasta una excursión de ciento veinte millones de mosquitos revoloteando entre las palabras revueltas de mi monólogo. No era el lugar. Así que huimos de ese terrible sitio en el que se había convertido.
No es por ponerme mística pero.. ¿Y si sucedió por la sencilla razón de evitar que yo pronunciara lo que podría haber sido un desastre? Por evitar que yo pusiera el freno de mano a toda esta história..?
Núria estallaba en carcajada cada vez que miraba mi cara de ofuscación, debía de parecer gracioso todo eso. Yo quise retener mis ganas de reír porque no veía oportuna la felicidad (ya ves tú qué tontería..) pero inevitablemente dejé entrever alguna que otra mueca entre las comisuras de mis labios..

Nada estaba saliendo como yo esperaba, de repente me veía saliendo de allí con la faena por hacer, con un peso del tiempo que no paraba de crecer, y con un despiste mental nada propio de una mujer organizada como yo. (De ésto último empiezo a dudar..)

Merienda dulce y minutos sin prisas sentadas en un banco de un parque. Después de un buen rato lloriqueo mis ofuscaciones sobre la vida (nuestra vida) y determino que no es para nada justa esta situación. No es justa para ella. Intento hacerle entender que no es razonable tener a alguien a su lado que no es capaz de aportarle apenas nada, que sabe que vive a un nivel sentimental bastante diferente respecto al suyo, que no se debería permitir el que yo estubiese dudando de algo que debería tener más claro que el agua. No tendría por qué aguantar una situación en la que el amor de su vida opina que no sabe si la vida que quiere llevar es compatible o no con una pareja.
Y ella.. Y ella sigue ahí. Luchando y decidiendo que yo soy la mujer de su vida, y concluyendo esta situación permaneciendo a mi lado el tiempo que yo decida. Porque el suyo, es eterno.
Llegamos a casa con una supuesta tarea pendiente. Tarea en la que trabajo yo mientras el resto espera a ver el resultado. Necesito ganarme mi confianza para poder hacer que el resto también se la gane.

Tarea dura, que no sé ni por dónde empezar..

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